jueves, abril 26, 2018

Vernon Subutex 3

El libro que concluye la trilogía Vernon Subutex, de la escritora francesa Virginie Despentes, desarrolla el escenario apuntado en el tramo final del segundo: la creación de un sentido de comunidad en torno a la música que permite a sus protagonistas llevar una existencia al margen de las servidumbres de la sociedad actual, cuya máxima expresión es la organización y celebración de “convergencias”: encuentros clandestinos en los que se juntan entre cien y doscientas personas para bailar durante toda la noche y que, sin el uso de drogas, les permiten acceder a un nuevo estado de conciencia. Fiestas, o rituales, inspirados en las “raves” que proliferaron a principios de los años noventa en los que, gracias a su oído musical, Vernon ejerce como discreto maestro de ceremonias ayudándose de unos misteriosos sonidos o frecuencias creados por Alex Bleach, el cantante de éxito fallecido que sirve de contrapunto al protagonista y cuyo ascendiente permea toda la obra.

Aunque la actitud punk –ácida, descreída, hiriente- de Despentes constituye una seña de identidad de su trilogía, la comunidad que imagina para sus personajes rezuma cierto espíritu hippy: regreso a la naturaleza, a lugares recónditos al margen de la civilización, satisfacción sólo de las necesidades básicas, nomadismo, vida en comunidad sin reglas, sin jerarquías, en las que cada cual encuentra su espacio natural. Un estilo de vida que pone en valor lo efímero, lo no establecido, lo improvisado, siempre en precario equilibrio, para el que el dinero representa una amenaza dado que su razón de ser es el desinterés, de ahí su fuerza pero también su fragilidad.
Los pasajes en entornos urbanos resultan cínicos, sórdidos, violentos en comparación, como si reafirmaran la condición de inadaptados, de deshechos y renegados de unos personajes que les han dado la espalda. La autora alude a sucesos que han marcado la realidad reciente de Francia: el atentado a la revista satírica Charlie Hebdo, la multitudinaria protesta contra las medidas del gobierno socialista de Hollande denominada Nuit Debout o el atentado islamista contra la sala de conciertos Bataclan. Introduce a varios de sus personajes en alguno de estos hechos o los presenta de algún modo afectados por ellos, reservando para la matanza del Bataclan un cariz premonitorio. Despentes aprovecha para emitir opiniones sobre las circunstancias que los propiciaron y sobre sus consecuencias en la sociedad francesa: el miedo que han propagado y que a su vez alimenta ese otro que resulta de ver cómo los presupuestos que inspiraron a la sociedad occidental se deshacen de forma acelerada ante nuestros ojos, bajo nuestros pies.


El patrón de la narración de los libros anteriores: capítulos dedicados a cada uno de los personajes a través de los cuales conocemos su mentalidad y circunstancias, su lugar en el grupo, se alternan con pasajes en los que se ofrece una visión colectiva a medida que el espíritu comunitario se va imponiendo al individual. Despentes añade dosis de intriga y una creciente sensación de amenaza inspirada en fórmulas clásicas: la pugna entre el bien y el mal, la pureza y el cinismo, el espíritu de venganza promovido por el lado oscuro encarnado por representantes de la faceta mercantil del arte que acaban enfrentados a los propios artistas. Son ellos quienes en su ambiguo afán por rentabilizar y destruir a la comunidad de los idealistas se ven a su vez salpicados por sus propias contradicciones y, sin pretenderlo, contribuyen a su mitificación.

La conclusión de la trilogía resulta un tanto acelerada y culmina en un chocante epílogo que de forma abrupta abandona el realismo que ha caracterizado a la narración para adentrarse de forma precipitada en el terreno de la distopía ominosa y acabar desembocando en la ciencia ficción más alucinada, ofreciendo un símil de las convergencias nada menos que con el cristianismo: la entrega colectiva a la experiencia sensorial como una religión en ciernes. La narradora punk muta en idealista en el transcurso de unos pocos párrafos. Habrá a quien tan sorprendente mutación le provoque desconcierto y se muestre incapaz de converger con ella. En lugar de dar el salto de fe que le propone Despentes, optará por tomárselo a broma para quedarse con la visión desengañada de la realidad, poco maniquea desde el punto de vista ideológico pues la autora reparte sus dardos en todas direcciones, en lo que ésta tiene de advertencia, sin prestar demasiada atención a las repentinas ínfulas de trascendencia.

Si lo deseas, en el siguiente enlace puedes consultar las reseñas de Vernon Subutex 1 y 2

Esta reseña está también disponible en el número de abril de la revista digital de agitación cultural agitadoras